
Vaca Muerta aportó en 2025 casi el 90% del superávit comercial argentino
Con exportaciones récord y menores importaciones, la producción no convencional se convirtió en el pilar de las cuentas externas argentinas.
La producción energética de Vaca Muerta se consolidó como el principal motor de divisas del país, al aportar en lo que va de 2025 casi el 90 % del superávit comercial total de la Argentina. Según un informe de la consultora Economía y Energía, entre enero y septiembre el sector energético acumuló un saldo positivo de USD 5.368 millones, un crecimiento interanual del 45 %, mientras que el superávit comercial general fue de alrededor de USD 6.030 millones.
El peso creciente de la energía
El resultado marca un cambio estructural en la balanza comercial. El fuerte desempeño del complejo hidrocarburífero, impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta, compensó el estancamiento o retroceso de otros sectores exportadores. El informe destaca que las exportaciones de combustibles y energía crecieron un 13 % interanual, mientras que las importaciones del sector cayeron un 21 %, consolidando un saldo positivo histórico.
Dentro del rubro, el crudo lideró la expansión: sus exportaciones aumentaron un 21 % en valor, con un salto del 41 % en los volúmenes embarcados, pese a una caída del 14 % en los precios internacionales. En paralelo, las obras de infraestructura, como el oleoducto Vaca Muerta Sur, avanzan a paso firme y permitirán desde 2027 exportaciones adicionales por más de USD 15.000 millones anuales, según estimaciones del sector.
Proyecciones ambiciosas
Las perspectivas para el gas natural licuado (GNL) también son alentadoras. Los proyectos en carpeta podrían generar más de USD 30.000 millones anuales hacia 2030, lo que posicionaría a la Argentina como un exportador energético relevante en la región. De consolidarse, el país pasaría de depender de las importaciones de gas a ser un proveedor neto de energía.
Un pilar, pero también una advertencia
El aporte del sector energético se volvió fundamental para sostener las reservas internacionales y aliviar la presión sobre el tipo de cambio. Sin embargo, el hecho de que casi todo el superávit comercial provenga de un solo sector también representa un desafío. La concentración de las divisas en la energía expone a la economía a riesgos vinculados con la volatilidad de los precios internacionales, las demoras en obras clave y la necesidad de inversiones permanentes.
Además, la caída de precios del crudo limita la rentabilidad a pesar del crecimiento en los volúmenes exportados, y otros sectores —como la industria y la agroexportación— aún no logran recuperar el dinamismo suficiente para equilibrar la balanza de manera sostenida.
Una oportunidad estratégica
Pese a los desafíos, el avance de Vaca Muerta marca un punto de inflexión. Con obras de transporte en marcha y nuevas rondas de inversión previstas, el complejo energético se perfila como el gran generador de divisas de la próxima década. Para el Gobierno, representa un pilar central en la estrategia de estabilización económica y un símbolo de las oportunidades que puede ofrecer el desarrollo productivo basado en los recursos naturales.